De sus 80 años 50 los invirtió
el Monseñor Vílchez, en llevar el mensaje
del Reino de Dios a los habitantes de San Francisco, para
quienes se hizo un verdadero Padre, pues se hizo solidario
con todos, comprendiendo que para evangelizar no hacen
falta sólo homilías bien dicha, que nunca
le faltaron, sino además hace sentir el amor de
Dios a los demás, con obras concretas.
El supo estar siempre al lado de los pescadores,
de los choferes, de los docentes, de los comerciantes,
de la gente sencilla de las comunidades, de los que no
tienen un techo donde vivir, él ha hecho hacer
sentir sus voces. Lo que ha permitido su permanencia en
esta parroquia por tantos años, hazaña que
muy pocos sacerdotes han logrado en la historia de la
Iglesia.
En poco ha recibido reconocimiento a su
labor como la hecha por el Papa Juan Pablo II al concederle
el titulo de Monseñor, y la del alcalde Saady Bijani
distinguiéndolo como Orgullo del Municipio y con
la Orden Municipio San Francisco en su primera clase.
Justo es reconocer su labor. Una lastima
es que después de haber dado tanto, se le pretenda
arrumar como un objeto viejo, descalificando su experiencia
y toda su labor. Una lastima es que después de
haber luchado tanto por un nuevo templo para la parroquia
hoy no tenga donde terminar de pasar los últimos
años de su vida. Y sin la posibilidad de seguir
haciendo lo que hizo con maestría, ser instrumento
de Dios desde el altar, desde ese templo por el que lucho
incansablemente y que, quién no conoce como la
Iglesia del Padre Vílchez, pero que ahora ocupa
otra persona.
No debemos dejar pasar aspectos importantes
de su vida, como su aporte a la cultura de la región,
fomentando la Gaita Zuliana, a través de cuatro
conjuntos gaiteros, y un sin número de gaitas por
él escritas, que hicieron de este género
musical regional un verdadero instrumento de alabanza
a Dios y a nuestra santa Madre la Virgen de Chiquinquirá.
Los Conjuntos San Francisco, Zagalines,
Zagales y Espiguitas del Padre Vílchez fueron cuna
de grandes gaiteros que nacieron de la dedicación
y constancia de este gran sacerdote… entre ellos:
Magda Guerra, Altagracia Vílchez, Daniel Méndez,
Luis Germán Briceño el Catire Machete, entre
otros.
Incursionó también en la
vida deportiva, desde su llegada a San Francisco, no era
raro verlo, algunos sábados y aún los domingos
después de la celebración de la Eucaristía,
como pitcher, ketcher o al bate en algunos de los estadios
de la localidad, ya que siempre formó parte de
algún equipo de béisbol, actividad que acompañó
con su afición por la caza, de la cual cuenta una
gran cantidad de anécdotas con amigos y familiares.
La educación se constituyó
en otro gran aspecto en la vida de este ilustre hombre,
a él se le debe la creación de la Unidad
Educativa Colegio San Francisco, actualmente atendiendo
de manera privada pero a muy bajo costo una buena porción
de la población de San Francisco, en los niveles
educativos de preescolar, primaria, básica y diversificada,
en el área normal y parasistema.
En este mismo centro educativo, que se
conoce como el liceo del Padre Vílchez, se formaron
además como bachilleres docentes buena parte de
los educadores de turno, que hoy hacen su nivelación
profesional y concursan por un cargo ante el ministerio
de educación.
Un sin fin de maestros, bachilleres en
ciencias, humanidades y comercio, se formaron y se forman
como personas de bien bajo la mirada, palabras de apoyo
y hasta chistes de este nombre que a pesar de sus ochenta
años continua viendo con la misma ilusión
de hace 50 años su liceo.